Nueve días después Vi playas infestadas de cadáveres, vi a las olas teñirse de rojo con la sangre de los míos, vi ciudades arder y a los inocentes llorar; pero sólo una vez un escalofrío recorriendo mi columna logró paralizarme, cuando la tempestad que nos persiguió desde que huimos de los cicones nos arrojó a la isla más lejana, la más bella, la más peligrosa. Reunidos alrededor de un modesto fuego, mis hombres por primera vez se atrevían a sonreír. Nuestros hermanos perdido
¡Bienvenidos pasajeros! Irónicamente, pese a que no me gusta el terror, siempre que sale en una conversación la interrogante sobre buen cine mexicano, que tan mala reputación (en mi opinión, un tanto inmerecida) ha recibido en los últimos años, yo siempre recomiendo la filmografía de Taboada, maestro mexicano del horror. Ya una vez reseñé una de sus películas, que me quitó el sueño por días, hoy traigo para ustedes la que es la última de su tetralogía clásica, y que es quizá
¡Bienvenidos pasajeros! El día de hoy no habrá un análisis exhaustivo; pues pese a tener la agenda relativamente libre por diversos motivos no tuve oportunidad de prepararlo; pero para compensar les traigo tres relatos cortos, de uno de los autores más importantes del subgénero en México. No es la primera vez que hablo de Arreola en este espacio, y por eso no ahondaré mucho en las peculiaridades de su estilo, que podrán encontrar desglosadas en otras publicaciones; pero creo